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Risotto misionero: El arroz que aprendió a ser cremoso

Risotto misionero: El arroz que aprendió a ser cremoso

El risotto es "paciencia en una olla". A diferencia del arroz hervido común, el risotto exige presencia: hay que agregar el caldo cucharada a cucharada mientras se revuelve para liberar el almidón. Es una metáfora de la vida del colono: cuidado constante para obtener el fruto más tierno. En Apóstoles, lo adaptamos con el pollo de la chacra y el laurel que crece fuerte en nuestro patio.

Ingredientes:

  • 2 tazas de arroz (Doble Carolina o Arborio).

  • 1 litro de caldo de verduras casero (siempre hirviendo).

  • 1 cebolla picada y trozos de pollo dorados.

  • Manteca fría y queso rallado para "mantecar".

Preparación:

  1. Dorá la cebolla y el pollo. Agregá el arroz y revolvé hasta que los granos estén brillantes (nacarado).

  2. Agregá el caldo caliente de a un cucharón por vez, revolviendo suavemente. No agregues más hasta que el arroz absorba el líquido anterior.

  3. Cuando el grano esté tierno pero firme (al dente), apagá el fuego.

  4. Agregá una cucharada de manteca fría y el queso. Batí enérgicamente, tapá 2 minutos y serví.