Risotto misionero: El arroz que aprendió a ser cremoso
El risotto es "paciencia en una olla". A diferencia del arroz hervido común, el risotto exige presencia: hay que agregar el caldo cucharada a cucharada mientras se revuelve para liberar el almidón. Es una metáfora de la vida del colono: cuidado constante para obtener el fruto más tierno. En Apóstoles, lo adaptamos con el pollo de la chacra y el laurel que crece fuerte en nuestro patio.
Ingredientes:
-
2 tazas de arroz (Doble Carolina o Arborio).
-
1 litro de caldo de verduras casero (siempre hirviendo).
-
1 cebolla picada y trozos de pollo dorados.
-
Manteca fría y queso rallado para "mantecar".
Preparación:
-
Dorá la cebolla y el pollo. Agregá el arroz y revolvé hasta que los granos estén brillantes (nacarado).
-
Agregá el caldo caliente de a un cucharón por vez, revolviendo suavemente. No agregues más hasta que el arroz absorba el líquido anterior.
-
Cuando el grano esté tierno pero firme (al dente), apagá el fuego.
-
Agregá una cucharada de manteca fría y el queso. Batí enérgicamente, tapá 2 minutos y serví.